La lumbalgia es uno de los padecimientos que con mas frecuencia se ven en la consulta. Se dice que prácticamente todas las personas han sufrido o sufrirán de lumbalgia durante alguna época de su vida.
Hace algunos años se inicio el manejo de la lumbalgia crónica con toxina botulínica, debido a que esta siendo muy controvertido su uso, pensamos que es pertinente comentar algunos puntos al respecto.
La lumbalgia puede ser ocasionada por traumas, lesiones en los discos intervertebrales, facetas articulares, ligamentos, canal raquídeo, raíces nerviosas, problemas biomecánicos como asimetría de extremidades, hiperlordosis lumbar, contractura bilateral de psoas iliaco, o por obesidad, mal uso de la columna vertebral o alteraciones posturales.
El tratamiento de la lumbalgia crónica debe ser de acuerdo a su etiología con antinflamatorios no esteroidos, reposo, terapia física, reeducación de la postura, uso adecuado de la columna (escuela de columna), así como tratamiento de la causa inicial: plantillas, ejercicios, bajar de peso, antineuríticos en caso de ciatalgias y cuando esto no funciona y no está indicada la cirugía, deberemos aplicar toxina botulínica como un coadyuvante en el tratamiento general.
En el dolor de las lumbalgias crónicas se combinan factores musculares y nociceptivos, ya que se encuentran contracturas excesivas de algunos músculos como los paravertebrales, psoas iliaco o cuadrado lumbar, combinadas con hiperactividad de las terminaciones nerviosas nociceptivas. Ambos factores responden bien a la toxina botulínica, ya que relaja los músculos hiperactivos y disminuye la hiperexcitabilidad de los nociceptores,
La toxina botulínica, de esta forma, se indicada en casos de lumbalgia crónica, de etiología conocida y con pobre respuesta a los tratamientos convencionales. Se aplica por medio de infiltración en los puntos gatillo del dolor, así como en los músculos psoas iliaco y cuadrados lumbares. La dilución es de 500 u en 5 cm de solución fisiológica, se aplica con aguja G28 previa asepsia de la piel con antiséptico y aspiración de la jeringa para evitar introducir el medicamento en los vasos sanguíneos. La dosis por punto doloroso es de 10-30 unidades, según la intensidad del dolor. Previamente se realiza un mapa del dolor, señalando el dolor leve con un punto, el de moderada intensidad con un circulo y el dolor intenso con un cuadrado. Al terminar la aplicación se vuelven a explorar los puntos inicialmente dolorosos y se puede reaplicar la toxina botulínica en los puntos en que persista el dolor. En los músculos psoas iliacos y cuadrados lumbares se utilizan de 50 a 100 u, dependiendo de la intensidad de su contractura.
Teniendo cuidado con la dosis indicada, no se presentan usualmente debilidad muscular ni complicaciones importantes que no sean dolor y equimosis en los sitios de punción.
Como conclusión diremos que en vista de la multicausalidad de la lumbalgia crónica, lo reciente del uso de la toxina botulínica, lo variado que es su manejo (medidas dietéticas, posturales, biomecánicas, medicamentosas, etc.) no existen casuísticas grandes que puedan evaluarla ni personal necesario que domine la metodología estadística sofisticada que se requiere su estudio; por todo lo anterior es intrínsecamente difícil evaluar estadísticamente sus resultados. Desde el punto de vista clínico, la aplicación de toxina botulínica da diferentes resultados, dependiendo de la habilidad y experiencia del aplicador y esta es una variable robusta que ningún estudio ha tomado en cuenta.

 

La toxina botulínica es de gran ayuda en pacientes con lumbalgia crónica con etiología determinada, como complemento del tratamiento de base, cuando los tratamientos convencionales farmacológicos y de rehabilitación han sido insuficientes, al relajar la contractura muscular dolorosa y al actuar sobre las terminaciones nociceptivas.

Bibliografia

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